Hacía dos abrumadoras horas en las que me había decidido a crear un relato completo en el que pasar de la introducción no fuera un problema. Es fácil proponerse ciertos objetivos, facilidad que, según los casos, no es igual en el momento de cumplirlos.
Muchos escritores tuvieron algún objeto o a alguna persona que les sirvieron como fuentes de inspiración. ¿Sería eso lo que me faltaba a mí? Otros basan algunos de sus relatos en ciertos aspectos de su vida, momentos vividos en el pasado. No me encontraba con ganas de mirar al pasado, además, no iba a encontrar nada interesante, no estaba casado y hacía años que no tenía una pareja estable y mucho menos podría ser padre.
Mi primer objetivo sería encontrar ese algo que me ayudara, que me proporcionara las ideas para escribir. Quizá podría ser la gran ventana del salón por la que tanto me gustaba mirar, pero al otro lado no había más que nieve y normalmente había pocas personas en las que inspirarme.
También es cierto que se han escrito libros y relatos sobre la soledad y el silencio. ¿Me serviría esto para poder crear una buena historia? ¿Me vendría la inspiración gracias a ello? Tendría que esperar para averiguarlo.
Mi primer objetivo sería encontrar ese algo que me ayudara, que me proporcionara las ideas para escribir. Quizá podría ser la gran ventana del salón por la que tanto me gustaba mirar, pero al otro lado no había más que nieve y normalmente había pocas personas en las que inspirarme.
También es cierto que se han escrito libros y relatos sobre la soledad y el silencio. ¿Me serviría esto para poder crear una buena historia? ¿Me vendría la inspiración gracias a ello? Tendría que esperar para averiguarlo.
Aún recuerdo cómo me subió el ánimo el día y el momento en que decidí escribir una carta a esa otra posible persona en mi misma circunstancia. Habían pasado cinco meses desde aquello y mis ánimos no se situaban en la misma posición de gran altura que entonces, incluso hacía más de un mes que no miraba la carta como acostumbraba a hacer, y tampoco la sostenía entre mis manos.
Mis ganas de ponerme a crear se iban deteriorando con cada intento fallido que obtenía al volver a intentarlo. Pero por desanimado que estuviese, seguía pensando que esa carta encontraría a su propietario, cada vez lo creía con menos intensidad pero aún no había perdido todas las esperanzas.
Decidí dejarlo y continuar mañana, la frustración que en ese momento me poseía hacía también que se apoderase de mí el mal humor. Me fui a la cama, quizá alguno de mis sueños podrían ayudarme con el relato, no sería el primer escritor que se inspira en uno de sus sueños para crear una buena historia.
A la mañana siguiente me levanté con un leve pero molesto dolor de cabeza. Me preparé mi habitual café y miré por la ventana sin ver nada, es decir, mirando a un punto concreto que no veía porque en realidad estaba nadando entre mis pensamientos. ¡Entonces lo vi! Y lo que vi no estaba al otro lado de la ventana ni tampoco en el lado en el que yo me encontraba: estaba en la propia ventana. Lo que vi fue mi reflejo y fue entonces cuando una idea surgió en mi cabeza. Nunca me habían poseído unos ánimos tan enérgicos como aquellos. Y entonces cogí papel y la estilográfica y comencé a escribir. Tardé sólo tres días pero por fin acabé un relato completo, ni yo mismo era capaz de creérmelo, incluso sentía unas leves ganas de llorar, y era comprensible, después de tanta frustración había llegado la inspiración.
Envié el relato a distintas editoriales pero ninguna vio que tuviera futuro, por lo que volví a desanimarme un poco hasta que días más tarde recibí una llamada del periódico local. Daba la casualidad, si es que ésta existía, de que el jefe del periódico era un viejo amigo de uno de los trabajadores de una de las editoriales donde yo había intentado vender mi relato. Me propuso publicarlo y si éste gustaba podría publicar uno cada mes, es decir, me daría un trabajo en su periódico, y de lo que yo siempre he soñado: escritor. Acepté sin dudar, grandes escritores empezaron del mismo modo, quizá yo podría ser uno de ellos.
Mi relato se publicó y a la gente le pareció fantástico, tuvo una gran acogida y pude trabajar de escritor que era con lo que siempre había soñado.
Os preguntaréis qué fue de la carta escrita para esa persona con un problema como el mío. Resulta que esa carta ya había encontrado propietario hace unos días. Os contaré brevemente sobre qué trata mi relato:
Existía un hombre cuya fascinación por la escritura pocos conocían. Su mayor sueño era ser escritor y no descansaría hasta lograrlo. Pero tenía un gran problema: era incapaz de acabar sus relatos. La frustración que sentía en esos momentos era insoportable, y con el paso del tiempo en más de una ocasión se le pasó por la mente la idea de dejarlo. Pero amaba tanto el mundo de la literatura que fue incapaz. Lo intentó sin logro alguno, un día tras o otro, hasta que una buena tarde oyó que llamaban a su puerta. Al abrirla no encontró a nadie, y cuando estuvo a punto de cerrar pudo ver que en el suelo, cerca de sus propios pies, se encontraba un sobre de color amarillo, un amarillo muy claro, casi parecía blanco. Lo cogió, entró de nuevo en casa y lo abrió. Dentro había una carta que decía lo siguiente:
Querido amante del mundo literario, le escribo esta carta a pesar de que no le conozco y créame cuando le digo que ardo en deseos de hacerlo a pesar de que cabe la posibilidad de que usted ni siquiera exista y esta carta muera en el olvido sin ser leída.
Quiero decirle que comprendo su frustración y que seré, si usted me lo permite, el mayor apoyo que tenga si, como yo, aún no tiene a nadie que le comprenda verdaderamente.
Estoy convencido de que en nuestro futuro, y espero que posible encuentro, y con la ayuda de ambos, escribamos uno de los mejores relatos que ojos humanos jamás han leído.
Atte: Edgar Agramonte.
Aunque el hombre que recibió la carta nunca encontró al que la envió, se sintió con la suficiente fuerza como para escribir un relato completo que acabó gustando a todos. Él no estaba solo en el mundo.
Y aunque este hombre y yo jamás nos podamos encontrar, yo por vivir en el mundo real y él en el mundo de mi imaginación, siempre nos estaremos agradecidos el uno al otro, de eso no cabe duda.


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